LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES EFECTUADAS POR LA F.S.S.P.X -JULIO 2026

(CUESTIONES MAGISTERIALES-JURÍDICAS). Verán todos que cuando aparece un detractor del obispo francés y de su Orden, poco y nada dirán de los escándalos que hace años (más de sesenta) aquejan a la Iglesia.

Tomás Ignacio González Pondal

5/9/202632 min read

INTRODUCCIÓN

Reduzco mi introducción a una advertencia que vengo repitiendo hace tiempo, una y otra vez, y no me canso de repetirla porque es fundamental tenerla presente, y quien no lo haga naufragará entre los errores y los engaños. ¿Cuál es esta advertencia? Cuidarse, no mucho sino muchísimo de pretender analizar todo lo ocurrido con Monseñor Lefebvre y su Orden, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, recortando los hechos, recortando las circunstancias. Verán todos que cuando aparece un detractor del obispo francés y de su Orden, poco y nada dirán de los escándalos que hace años (más de sesenta) aquejan a la Iglesia. Presentarán así las cosas como si nada pasara, hablarán de modernismo sin saber bien dónde ubicarlo o creyendo que solo se reduce a un curita que se vistió de Mikey Mouse o que ahora maneja una consola de música electrónica (señalan de vez en cuando algún efecto y se han tornado ciegos de las verdaderas causas).

Desde Concilio Vaticano II una seguidilla de capitanes han jugado con el timón, y las volteretas del barco han causado mareos y muertes al por mayor. Con todo, hay quienes desechando contra toda evidencia el estado de necesidad alarmante que se levantó en la Iglesia, presentan al obispo francés como una suerte de alborotador en tiempos que se los supone con mayúscula falsía muy calmos, y le hacen caer un juicio histérico y de detalle farisaico, ignorando que la mareada por la jugarreta timonera también le cupo en suerte al santo varón, y demasiado bien logró sortearla para su propia salud, para la nuestra, para la de toda la Santa Iglesia.

El filósofo de fama mundial, Jaques Maritain, tan amado y seguido por Pablo VI, intentó fulminar mundialmente al R.P. Julio Meinvielle que se opuso a sus invenciones humanistas-políticas-seudo-católicas. Al menos públicamente Maritain no dio el brazo a torcer y siguió defendiendo sus concepciones hasta su muerte. Gran parte del público quizá apoyó a quien gozaba de fama y apoyo de altas autoridades descreyendo de lo defendido por el sacerdote argentino, y algunos habrán seguido al sacerdote argentino no dando crédito a la invención maritaneana. El tiempo le dio la razón al R.P. Julio Meinvielle. Tendremos detractores que quizá no den el brazo a torcer, que quizá por su fama sean muy seguidos, pero el tiempo ha venido mostrando que la FSSPX ha estado en lo cierto.

Mientras que el modernismo se ha tomado la licencia de alterarlo todo, arguyendo entre otras cosas que las circunstancias del mundo habían cambiado notablemente, los detractores de Monseñor Lefebvre, cuando éste invocó las circunstancias escandalosas donde se abrazó lo que jamás debería haberse abrazado, salieron defendiendo inútil y engañosamente que hay una perfecta continuidad entre el catolicismo pre-conciliar y el seudo-catolicismo post-conciliar basado en concepciones modernistas.

Bajo el título que escogí para este trabajo: “Las cosangraciones episcopales efectuadas por la F.S.P.X –julio 2026 (cuestiones magisteriales-jurídicas)”, se abordan tres cosas: primero, me centraré principalmente en tres documentos de S.S. Pío XII que se suelen invocar para atacar a Monseñor Lefebvre y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X; segundo, abordaré unas cuestiones que hacen al campo del derecho, las que, por desbordar lo meramente canónico, pensé sería mucho más conveniente utilizar la dicción “jurídicas”; tercero, lo que denominé “ajuste de cuentas”, y aquí se ve cómo los documentos de Pío XII, en verdad, no hacen más que fulminar al modernismo defendido por altos eclesiásticos y que lo han pasado a doctrinas y a prácticas.

  1. ANÁLISIS DE LA ENCÍCLICA ‘AD APOSTOLORUM PRINCIPIS’ A LA LUZ DE LA CRISIS DE LA IGLESIA Y DE LA SITUACIÓN DE LA FSSPX.

Suele invocarse la Encíclica de Pío XII, “Ad apostolorum principis”, para descalificar a Monseñor Marcel Lefebvre y la Orden por él fundada. Algunos llegan a hablar de “Tradicionalismo cismático amisionista”, pretendiendo con tal expresión indicar que la FSSX es cismática, que no tiene misión, que ya Pío XII los liquidó con el documento indicado. Se pretende hacer una suerte de identificación entre el desquicie chino y la obra del obispo francés, para, como queda dicho, aplastar al último nombrado con la misma penalidad y calificativos que fueron aplicados con entera justicia al primero.

¿Puede hacerse tal identificación? ¿Es justa? ¿Es válida? ¿Está fundada en la realidad? De estos y otros me ocuparé seguidamente.

La cuestión con la ‘Iglesia Patriótica China’ es tratada por S.S. Pío XII en tres documentos: “Cupimus imprimis” (1952), “Ad sinarum gentem” (1954), y, el más conocido “Ad apostolorum principis” (1958). Me serviré de los tres, para que se vea con mayor amplitud la claridad de las aseveraciones que serán vertidas.

Quienes invocan la Encíclica Ad apostolorum principis para intentar acabar con Monseñor Lefebvre, la recortan, ocultando muchas cosas de lo que ella dice. Dicho proceder no solo lleva a la injusticia para con el fulminado, sino que causa confusión, desinformación y alejamiento de la verdad en muchísimas almas. Pensar que varios que se conducen de esa forma dicen que serán “objetivos” en sus procederes.

Conviene antes que nada comenzar por decir algunas palabras sobre la Iglesia Patriótica China, y sobre lo que S.S. Pío XII afirmó de ella. Esta consideración histórica es fundamental, pues se verá, más luego, que nada tiene que ver con lo que sucedió con Monseñor Lefebvre.

La Iglesia Patriótica China es primeramente una sociedad que combate abiertamente contra la Iglesia Católica, por eso también se ha separado de su jerarquía y se inventó otra; lo expresa S.S. Pío XII en Cupimus Imprimis: “la Iglesia Católica es considerada, presentada y combatida como enemiga de la nación” (Punto 2). La susodicha asamblea China tiene fines terrenales, no celestiales. En el documento de Pio XII “Ad sinarum gentem”, se dice que la falsa iglesia China alteró la interpretación evangélica (Punto 11). Del mismo documento citado, es fundamental el Punto 12, pues allí S.S. Pío XII apunta que la Iglesia China se apartó de la integridad católica: “integridad que debemos defender”. Esto es principalísimo tenerlo en cuenta por lo que más abajo diremos. La secta China es una comunidad que eligió obedecer a los hombres antes que a Dios, tal lo expresa S.S. Pío XII en el Punto 15 del documento “Ad sinarum gentem”. En la Encíclica “Ad Apostolorum Principis”, S.S. Pío XII, comenta los objetivos de la referida iglesia China, diciendo que entre otras cosas buscan “promover la causa de la paz internacional” y el “cooperar activamente con las autoridades civiles en la defensa de lo que ellos denominan libertad política y religiosa” (Punto 10 – téngase presente por lo que más abajo será dicho). El Punto 13 del documento últimamente citado nos dice que tienen una “completa sumisión a las autoridades civiles” chinas. El punto 17 nos ilustra de que tienen una “falsa doctrina”.

Dijimos en el párrafo anterior que esa Iglesia Patriótica China que expresa y deliberadamente se presenta contra la Iglesia Católica, se hizo su propia jerarquía. Pío XII se refiere muy en concreto a ello en la Encíclica Ad Apostolorum Principis, en estos términos: los de la aludida iglesia patriótica “llevan tiempo esforzándose por difundir entre la gente la idea, carente de toda verdad, de que los católicos tienen el poder de elegir directamente a sus obispos. Para justificar este tipo de elección, alegan la necesidad de atender con la mayor celeridad posible a las almas del pueblo y de confiar la administración de las diócesis a aquellos pastores que, por no oponerse a los deseos y métodos políticos comunistas, son aceptables para el poder civil” (Punto 36). Continua el Pontífice: “Porque se ha establecido clara y expresamente en los cánones que corresponde a la única Sede Apostólica juzgar si una persona es apta para la dignidad y la carga del episcopado, y que la completa libertad en la nominación de obispos es derecho del Romano Pontífice. Pero si, como sucede a veces, se permite que algunas personas o grupos participen en la selección de un candidato episcopal, esto es lícito solo si la Sede Apostólica lo ha permitido en términos expresos y en cada caso particular para personas o grupos claramente definidos, estando las condiciones y circunstancias muy claramente determinadas” (Punto 38). Afirma Pío XII: “Concedida esta excepción, se deduce que los obispos que no han sido nombrados ni confirmados por la Sede Apostólica, sino que, por el contrario, han sido elegidos y consagrados en contravención de sus órdenes expresas, no gozan de poderes de enseñanza ni de jurisdicción, puesto que la jurisdicción se transmite a los obispos únicamente a través del Romano Pontífice, como advertimos en la Carta Encíclica Mystici Corporis con las siguientes palabras: «… En lo que respecta a su propia diócesis, cada (obispo) apacienta el rebaño que se le ha confiado como verdadero pastor y lo gobierna en nombre de Cristo. Sin embargo, al ejercer este oficio no son del todo independientes, sino que están subordinados a la legítima autoridad del Romano Pontífice, aunque gozan de la potestad ordinaria de jurisdicción que reciben directamente del mismo Sumo Pontífice».” (Punto 39). Aún más: “Y cuando más tarde os dirigimos la carta Ad Sinarum gentem, nos referimos de nuevo a esta enseñanza con estas palabras: «El poder de jurisdicción que se confiere directamente por derecho divino al Sumo Pontífice llega a los obispos por ese mismo derecho, pero solo a través del sucesor de Pedro, a quien no solo los fieles, sino también todos los obispos, están obligados a someterse constantemente y a adherirse tanto por la reverencia de la obediencia como por el vínculo de la unidad».” Préstese atención a las siguientes palabras del Papa, encontrados en los puntos 41 y 43: “Los actos que requieren el poder de las Sagradas Órdenes que son realizados por eclesiásticos de este tipo, aunque son válidos mientras la consagración conferida a ellos fue válida, son gravemente ilícitos, es decir, criminales y sacrílegos”. “Sabemos que quienes menosprecian la obediencia para justificarse respecto a las funciones que han asumido injustamente, defienden su postura invocando una costumbre de antaño. Sin embargo, es evidente que toda disciplina eclesiástica se quebranta si se pretende, de alguna manera, restablecer disposiciones que ya no son válidas porque la suprema autoridad de la Iglesia decretó lo contrario hace mucho tiempo. De ninguna manera justifican su conducta apelando a otra costumbre, y demuestran indiscutiblemente que siguen este camino deliberadamente para eludir la disciplina vigente a la que deberían obedecer.” Reiteremos: la secta China expresamente se apartó de la Iglesia Católica, expresamente se constituyó en Iglesia China, expresamente hizo una jerarquía que deliberadamente quiso apartarse de la jerarquía católica.

En plena continuidad con la doctrina definida con infalibilidad en el Concilio Vaticano I, S.S. Pío XII enseña en la Encíclica “Ad Apostolorum Principis”: «Enseñamos… Declaramos que la Iglesia Romana, por la Providencia de Dios, ostenta la primacía del poder ordinario sobre todos los demás, y que este poder de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediato. Ante ella, los pastores y los fieles de cualquier rito y dignidad, tanto individual como colectivamente, están obligados por el deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, no solo en asuntos que atañen a la fe y la moral, sino también en aquellos que conciernen a la disciplina y el gobierno de la Iglesia extendida por todo el mundo, de tal manera que, una vez preservada la unidad de comunión y la profesión de la misma fe con el Romano Pontífice, existe un solo rebaño de la Iglesia de Cristo bajo un solo pastor supremo. Esta es la enseñanza de la verdad católica de la cual nadie puede apartarse sin perder la fe y la salvación.» Se habla de “verdadera obediencia”, no de cualquier mamarracho. Se habla “no solo de asuntos que conciernen a la fe y a la moral” sino también los que tienen que ver con la “disciplina y el gobierno de la Iglesia de Cristo”, disciplina y gobierno que, para quien no se ha dado cuenta, deben sí o sí estar acordes con la fe y la moral católicas. Y todo ello una vez que está “preservada la unidad de comunión y la profesión de la misma fe con el Romano Pontífice” (punto 46). UNIDAD DE COMUNIÓN Y LA PROFESIÓN DE LA MISMA FE.

  1. EL NUEVO CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO Y EL CANON 1323

Muchísimos textos de Vaticano II son revolucionarios, responden a bases establecidas por la Revolución Francesa, confesión que no es nuestra sino del entonces Cardenal Ratzinger: “Si se busca un diagnóstico global del texto, se podría decir que es (en relación con los textos sobre la libertad religiosa y sobre las religiones en el mundo) una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de contra-Syllabus (Dignitatis humanae)". También dijo: “Contentémonos aquí con constatar que el texto juega el papel de un contra-Syllabus, en la medida en que representa un intento de reconciliación oficial de la Iglesia con el mundo tal como se presenta desde 1789". Ahora bien, el Nuevo Código de Derecho Canónico se apoya con intención directa, concreta y públicamente manifiesta en los documentos de Vaticano II, cosa que se prueba con las palabras del mismo Juan Pablo II: “El nuevo código no sólo ha sido ideado al mismo tiempo que el Concilio, sino que, sobre todo, está íntimamente ligado a él. Los padres conciliares en sus deliberaciones trataron ya del futuro nuevo código, dando materia y directrices para el mismo. Así, de acuerdo con su pensamiento, el código debía ser fruto del Concilio, o mejor, instrumento para realizar sus propósitos y conseguir los frutos deseados por el Concilio. Y dado que el Concilio Ecuménico Vaticano II, como es bien sabido, puso su atención en el misterio de la Iglesia (Constitución Lumen gentium) y en la tarea y misión de ésta en el mundo actual (Constitución Gaudium et spes), nos dio una visión mucho más plena de la eclesiología y abrió fronteras mucho más vastas en orden a valorar las relaciones de la Iglesia con el mundo” (Discurso de Juan Pablo II a los miembros de las Pontificia Comisión para la revisión del código de Derecho Canónico, Jueves 29 de octubre de 1981).

En el Nuevo Código de Derecho Canónico, canon 16. § 1., leemos: “Interpretan auténticamente las leyes el legislador y aquél a quien éste hubiere encomendado la potestad de interpretarlas auténticamente.” Veamos entonces qué nos dice el máximo legislador de dicho Código, esto es, el Papa Juan Pablo II: “El nuevo Código que se publica hoy ha requerido necesariamente el trabajo precedente del Concilio; y, aunque fuera anunciado juntamente con la Asamblea ecuménica, sin embargo, cronológicamente viene después de ella, ya que los trabajos emprendidos para preparar el nuevo Código, al tener que basarse en el Concilio, no pudieron comenzar hasta la conclusión del mismo (…). El proceso de elaboración del presente Código, corresponde perfectamente al magisterio y a la índole del Concilio Vaticano II (…).El instrumento que es el Código es llanamente congruente con la naturaleza de la Iglesia cual es propuesta sobre todo por el magisterio del Concilio Vaticano II visto en su conjunto, y de modo particular por su doctrina eclesiológica. Es más, en cierto modo puede concebirse este nuevo Código como el gran esfuerzo por traducir al lenguaje canonístico esa misma doctrina, es decir, la eclesiología conciliar. Y aunque es imposible verter perfectamente en la lengua canonística la imagen de la Iglesia descrita por la doctrina del Concilio, sin embargo el Código ha de ser referido siempre a esa misma imagen como al modelo principal cuyas líneas debe expresar él en sí mismo, en lo posible, según su propia naturaleza” (Constitución Apostólica Sacrae Disciplinae Leges, de Juan Pablo II, para la promulgación del Nuevo Código de Derecho Canónico, 1983).

“Cabe destacar que el Concilio Vaticano II, en particular, introdujo énfasis y enfoques, a veces nuevos e innovadores, en muchos ámbitos: no solo —como ya he mencionado— en eclesiología, sino también en pastoral, ecumenismo y el compromiso misionero reafirmado” (Discurso de Juan Pablo II con motivo de la presentación oficial del Nuevo Código de Derecho Canónico, 3 de febrero de 1983).

Conclusión de lo anterior -más clara que el agua-: el Nuevo Código de Derecho Canónico es un Código apoyado en la Revolución y no en la INTEGRIDAD CATÓLICA. Y con este Código se quiere fustigar a Monseñor Lefebvre y decirle que no es católico. Como si el ladrón enojado tuviera derecho de llamar al honesto, ladrón.

La edición BAC del Nuevo Código de Derecho Canónico, sostiene en su Prefacio, que el nuevo trabajo buscó “reformar las normas según una nueva mentalidad y las nuevas necesidades, aunque el derecho antiguo debiera suministrar la base. En segundo lugar, había que tener en cuenta en esta labor de revisión todos los decretos y actas del Concilio Vaticano II” (Código de Derecho Canónico, edición bilingüe, ed. BAC, España, 2021, Prefacio, p. XXV).

Veamos un poco más detenidamente el canon 1323.

Contra la pena de excomunión latae sententiae que siempre se usó para martillar sobre Monseñor Lefebvre y la Orden por él fundada, se responde que el obispo francés quedó perfectamente amparado por el Canon 1323 (4, 5), canon que, por cierto, permaneció totalmente silenciado en el irregular acto de condenación que se realizó.

El canon 1323 afirma: “No queda sujeto a ninguna pena quien, cuando infringió una ley o precepto:

4.º actuó coaccionado por miedo grave, aunque lo fuera sólo relativamente, o por necesidad o para evitar un grave perjuicio, a no ser que el acto fuera intrínsecamente malo o redundase en daño de las almas;

5.º actuó en legítima defensa contra un injusto agresor de sí mismo o de otro, guardando la debida moderación.”

Sabido es que hay sacerdotes que en intento subjetivo e inverosímil por cerrar todas las puertas a Monseñor Lefebvre, saltaron con una invención sobre “la necesidad”, una invención sobre la “suplencia”, y una invención sobre lo que llamo ‘su prejuicio de catalogación normativa’ (obtusas pretensiones), todas cosas que abordé tanto en mi obra “Un gran incendio”, como en la otra titulada “Mentiras y errores sobre Monseñor Lefebvre”. El estado de necesidad en derecho es pre-normativo, es principio del derecho, y hasta no requiere para su utilización consagración legal.

Lo anterior encuentra amparo en la analogía imperfecta de la licitud de robar en estado de necesidad: por más que no esté consagrada en los Códigos Penales está respaldada por el derecho natural y el derecho divino. Se pregunta Santo Tomás si es lícito robar en estado de necesidad, y responde: “en caso de necesidad todas las cosas son comunes, y, de este modo, no parece que sea pecado si uno toma una cosa de otro, porque la necesidad la hace común”, y agrega: “Las cosas que son de derecho humano no pueden derogar el derecho natural o el derecho divino. Ahora bien: según el orden natural instituido por la divina providencia, las cosas inferiores están ordenadas a la satisfacción de las necesidades de los hombres. Por consiguiente, por la distribución y apropiación, que procede del derecho humano, no se ha de impedir que con esas mismas cosas se atienda a la necesidad del hombre. Por esta razón, los bienes superfluos, que algunas personas poseen, son debidos por derecho natural al sostenimiento de los pobres, por lo cual Ambrosio, y en el Decreto se consigna también: De los hambrientos es el pan que tú tienes; de los desnudos, las ropas que tú almacenas; y es rescate y liberación de los desgraciados el dinero que tú escondes en la tierra. Mas, puesto que son muchos los que padecen necesidad y no se puede socorrer a todos con la misma cosa, se deja al arbitrio de cada uno la distribución de las cosas propias para socorrer a los que padecen necesidad. Sin embargo, si la necesidad es tan evidente y tan urgente que resulte manifiesta la premura de socorrer la inminente necesidad con aquello que se tenga, como cuando amenaza peligro a la persona y no puede ser socorrida de otro modo, entonces puede cualquiera lícitamente satisfacer su necesidad con las cosas ajenas, sustrayéndolas, ya manifiesta, ya ocultamente. Y esto no tiene propiamente razón de hurto ni de rapiña” (Suma teológica - Parte II-IIae - Cuestión 66, artículo 7). Reitero: el estado de necesidad es pre-normativo. Nótese que la excepción no se apoya primeramente en una disposición humana, sino que encuentra fundamento en el derecho natural y divino, de ahí que, retomando la analogía (y reiterando la calificación de imperfecta), la consagración episcopal se apoya primeramente en el derecho divino, mientras que la modalidad para llevarse a cabo recurre a lo humano. De ahí que Pío XII no niega validez a las consagraciones chinas, mas sí se queja de la modalidad, modalidad atentatoria del universo católico. Lo de Monseñor Lefebvre encuentra amparo en el derecho divino y recurrió a una modalidad de excepción no de costumbre (en líneas venideras se dirá algo más de esto último relativo a la costumbre).

Los detractores de Lefebvre también silenciaron el canon 17: “Las leyes eclesiásticas deben entenderse según el significado propio de las palabras, considerado en el texto y en el contexto; si resulta dudoso y obscuro se ha de recurrir a los lugares paralelos, cuando los haya, al fin y circunstancias de la ley y a la intención del legislador”. De donde se deduce con claridad meridiana que si se quiere ver un fundamento del canon 1323 en Pio XII cuando condenó la Iglesia Patriótica China, ya vimos que ni se aplica a Monseñor Lefebvre. Y si se quiere buscar fundamento del canon consabido en las nuevas tendencias seguidas por el Nuevo Código de Derecho Canónico, menos que menos se aplica a Monseñor Lefebvre, y eso debido a la base ecuménica que ellos han optado.

  1. AJUSTE DE CUENTAS

Probaré ahora cómo los documentos del Papa Pío XII se vuelven contra los lineamientos progresistas de Concilio Vaticano II; cómo se vuelven contra quienes zahieren al prelado francés y le condenan.

La Encíclica Ad Apostolorum Principis, si bien se aprecia, es bien contraria al mismísimo modernismo contenido en cosas de Vaticano II, contraria a documentos modernistas que salieron de la pluma de posteriores papas. El Punto 53 de la referida Encíclica es lapidario: “Venerables hermanos y amados hijos, hasta ahora les hemos hablado de la angustia que nos embarga por los errores que algunos hombres intentan sembrar entre ustedes y por las disensiones que se están suscitando. Nuestro propósito es que, iluminados y fortalecidos por el aliento de su padre común, permanezcan firmes e irreprensibles en la fe que nos une y por la cual únicamente obtendremos la salvación”. El Papa confiesa su propósito profundo: “permanezcan firmes e irreprensibles en la fe que nos une” y por la cual “obtendremos la salvación”. ¡A ver: ¿dónde están los atacantes de Monseñor Lefebvre probando con ya más de sesenta años del fracaso conciliar-modernista, que Vaticano II y los documentos de los papas siguientes están firmes en la fe católica, son irreprensibles en ella, y que tienden a la salvación de las almas? ¿Pueden en verdad hacerlo? ¿Pueden hacerlo con Unitatis Redintegratio, con Ut Unum Sint, y siguientes documentos que deformaron la sana doctrina habilitando vías de salvación fuera de la Iglesia Católica? ¿Pueden hacerlo invocando Mater Populi Fidelis? ¿Pueden hacerlo amparados en la contranatural Fiducia Supplicans?

¡Ay del ‘Directorios Ecuménicos’ aprobado en 1993 por Juan Pablo II, y ay del documento titulado ‘El obispo y la unidad de los cristianos’, aprobado por Francisco en el 2020! Abominables. Dejaré expuestas algunos de los delirios anticatólicos en ellos contenidos, donde se ve con claridad que se dirigen a todos los obispos del mundo, que hablan de “deber” (no de algo opcional), que el ecumenismo busca invadir todas las áreas que más puede.

Del ‘Directorio ecuménico’ aprobado en 1993 por Juan Pablo II, en el Prefacio se lee: “La promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico para la Iglesia Latina (1983) y del Código de Cánones de las Iglesias Orientales (1990) ha creado en materia ecuménica una situación disciplinaria para los fieles de la Iglesia Católica que es en parte nueva (…), la urgente necesidad de una mayor participación de todo el Pueblo de Dios en este movimiento (punto 2, 2). Sobre las raíces del ecumenismo modernista se lee: “El compromiso ecuménico de la Iglesia Católica basado en los principios doctrinales del Concilio Vaticano II (punto 7). Líneas a las Conferencias Episcopales: “Cada Sínodo de las Iglesias Católicas Orientales y cada Conferencia Episcopal, de acuerdo con sus propios procedimientos, deberá establecer una comisión episcopal para el ecumenismo” (punto 46). Colegios en la mira: “La escuela, de todo tipo y nivel, debe dar una dimensión ecuménica a su enseñanza religiosa” (punto 68). A los seminarios: “Las Conferencias Episcopales deben garantizar que los planes de estudio aporten una dimensión ecuménica a cada materia y contemplen específicamente el estudio del ecumenismo. Asimismo, deben asegurar que dichos planes de estudio se ajusten a las indicaciones contenidas en este Directorio” (punto 72). “La formación doctrinal y la experiencia de aprendizaje no se limitan al período de formación, sino que requieren un continuo "aggiornamento" de los ministros ordenados y trabajadores pastorales, en vista de la continua evolución dentro del movimiento ecuménico” (punto 91). Pasemos al documento aprobado por Francisco, titulado ‘El obispo y la unidad de los cristianos’ (también conocido como Vademecum Ecumenico, 2020), dice en su Prefacio: “El compromiso ecuménico del obispo no es una dimensión opcional de su ministerio episcopal, sino un deber y una obligación.” También hallamos: “El obispo “sentirá la urgencia de promover el ecumenismo”; “Este ministerio episcopal de unidad está profundamente ligado a la sinodalidad” (punto 4). Y esto otro: “El canon 755, enmarcado en la parte del Código dedicada a la función docente de la Iglesia, estipula que “Corresponde en primer lugar a todo el Colegio de los Obispos y a la Sede Apostólica fomentar y dirigir entre los católicos el movimiento ecuménico”. En otro lugar: “Como hermanos y hermanas en Cristo, compartimos una verdadera comunión, los católicos no sólo pueden, sino que deben, buscar oportunidades para orar con los otros cristianos” (punto 17). El siguiente punto es netamente diabólico: “La conmemoración del 500 aniversario de la Reforma en 2017 fue también un ejemplo de esa purificación de la memoria. En el documento Del conflicto a la comunión, católicos y luteranos se preguntaron cómo podían presentar sus tradiciones “evitando que sirvan para cavar nuevas trincheras entre cristianos de diferentes confesiones”. Y descubrieron que era posible adoptar un nuevo enfoque de su historia: “Lo que sucedió en el pasado no puede cambiarse. Lo que sí puede cambiar con el paso del tiempo es lo que se recuerda del pasado y el modo en que se ha de recordar. El recuerdo hace presente el pasado. Aunque el pasado como tal es inalterable, la presencia del pasado en el presente sí es alterable” (Del conflicto a la comunión 16) (punto 24). Por último, cito esto: “Los católicos tienen un deber particular de participar en el movimiento ecuménico cuando son mayoría” (punto 26).

En Ad Apostolorum Principis, S.S. Pío XII hablando de los misioneros expresa: “no buscan ni esperan otra cosa que la expansión del reino de Dios”, y eso con el “apostolado cristiano” (punto 6). Cuan distinto con las nuevas tendencias ecumenistas perversas y destructoras de la fe católica, que alterando la misión de los misioneros ya no se encuadran en la misión católica sino que pregonan la “misión ecumenista”. Y para que nadie pueda atacar esto de falso, veamos las mismísimas palabras de Francisco expuestas en su documento “El Obispo de Roma”: “Las iglesias que no estaban en comunión con esta Sede podían ser objeto de una actividad misionera ‘para hacerlas volver’ a la comunión con la Iglesia Católica, permitiéndoles al mismo tiempo conservar su propia liturgia y disciplina. Pero gracias al “dialogo internacional ortodoxo-católico (…) reconoció que “esta forma “de apostolado misionero descrita anteriormente (…) ya no puede aceptarse ni como método a seguir ni como modelo de la unidad que buscan nuestras iglesias”. ¿Quiénes participaron en dicho documento de apostasía? Nos los dice el mismo texto, cito algunos: Baptist Union of Great Britain, Chiesa Evangelica Valdese, Iglesia de Inglaterra, Iglesia de Escocia, Iglesia Metodista, Iglesia Morava, Iglesia Presviteriana de los EE.UU, Quakers, Iglesia Episcopal Escoscea, Vereinigte Evangelisch-Luherische Kirche Deutschlands, etc., etc..

S.S. Pío XII condena los fines de la Iglesia Patriótica China, fines terrenos, fines no católicos en cuanto a su visión, tales como: “promover la causa de la paz internacional”, “cooperar con las autoridades civiles en la defensa de lo que ellos denominan libertad política y religiosa”. Nos preguntamos: ¿quiénes, sino los papas de tendencia liberal apoyaron la separación Iglesia-Estado? ¿Quiénes si no dichos pontífices se llenaron la boca hablando de la paz internacional, paz que no es la verdaderamente querida por Cristo? Recordemos palabras de Francisco en Frateli Tuti: “tuve una fuente de inspiración en mi hermano Bartolomé, el Patriarca ortodoxo que propuso con mucha fuerza el cuidado de la creación, en este caso me sentí especialmente estimulado por el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, con quien me encontré en Abu Dabi para recordar que Dios «ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos». A esos ciegos que dicen que es herético sostener que estamos en un estado de necesidad general, van estas palabras de Francisco, palabras de una cabeza dirigidas a la GENERALIDAD de la grey, es decir, no se reducen a unos sino que se dirigen a la generalidad, de ahí que también el estado de necesidad es general: “Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.” Los que atacan a Monseñor Lefebvre, los aislados en laboratorios, los amigos del recorte, de la manipulación, los que carecen del sentido de lo real, se tornaron serviles a la ceguera autoimpuesta.

S.S. Pío XII se queja en el punto 13 de “Ad Apostolorum Principis”, que la Iglesia Patriótica China dejó de lado y descuidó “los derechos de la Iglesia”. ¿Hay que enumerar la cantidad de descuidos y ataques a los derechos de la Iglesia promovidos por el mismo Vaticano II y desde ahí en adelante?

En los puntos 23 y 24 S.S. Pío XII habla de, entre otras cosas, cuando la autoridad quiere usurpar los derechos de Dios y romper con la unidad de la Iglesia: “Los cristianos están obligados en conciencia a dar al César (es decir, a la autoridad humana) lo que le pertenece al César, entonces el César, o quienes controlan el Estado, no pueden exigir obediencia cuando estarían usurpando los derechos de Dios o forzando a los cristianos a actuar en contra de sus deberes religiosos o a separarse de la unidad de la Iglesia y su jerarquía legítima. En tales circunstancias, todo cristiano debería desechar toda duda y repetir con calma y firmeza las palabras con las que Pedro y los demás apóstoles respondieron a los primeros perseguidores de la Iglesia: «Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres».

Alguien puede objetar: el Punto 35 dice “incluso cuando quienes arbitrariamente establecen y defienden estos límites tan estrechos profesan el deseo de obedecer al Romano Pontífice en cuanto a las verdades que deben creerse y de observar lo que llaman directrices eclesiásticas, actúan con tal audacia que se niegan a obedecer las prescripciones precisas y definitivas de la Santa Sede. Protestan alegando que estas se refieren a asuntos políticos debido a un significado oculto por parte del autor, como si dichas prescripciones tuvieran su origen en alguna conspiración secreta contra su propia nación.” Mas dicho Punto tiene presente una Iglesia Patriótica China actuando contra “prescripciones precisas y definitivas de la Santa Sede”. De más está decir que se trata de clarísimas prescripciones ÍNTEGRAMENTE católicas. Nada que ver con lo de Monseñor Lefebvre, el cual insiste hasta el cansancio en DEFENDER LA IGLESIA CATÓLICA, LA TRADICIÓN CATÓLICA, contra algo peor que la Iglesia Patriótica China llamado Modernismo, y Monseñor no actuó contra prescripciones precisas y definitivas íntegramente Católicas, sino contra posturas imprecisas, ambiguas, no íntegramente católicas. Confesamente quisieron que todo fuere calificado de “pastoral”.

Hay algo interesantísimo de ver, aunque a veces el verlo se torna difícil. Intentaré mostrarlo con la mayor claridad que pueda: la Iglesia Patriótica China subordina la fe a los obispos. Lo correcto es que los obispos son constituidos para estar al servicio de la fe católica, y no la fe católica estar al arbitrio o antojo de las ocurrencias de los obispos. En el documento papal Ad Apostolorum Principis Pío XII se queja de que la secta China afirma “que los católicos tienen el poder de elegir directamente a sus obispos. Para justificar este tipo de elección, alegan la necesidad de atender con la mayor celeridad posible a las almas del pueblo y de confiar la administración de las diócesis a aquellos pastores que, por no oponerse a los deseos y métodos políticos comunistas, son aceptables para el poder civil” (Punto 36). Del texto se aprecia con facilidad que lo que pretenden los chinos apostatas es subordinar la fe católica (más bien destruirla) a los caprichos de eclesiásticos sometidos a los antojos de un poder civil. Monseñor Lefebvre se encuentra en las antípodas de eso: el obispo francés precisamente ha defendido intrépidamente a la fe católica oponiéndose siempre a los que querían anteponer sobre ella sus propios intereses. Monseñor Lefebvre no solo se opuso a los caprichos masónicos; no solo se opuso a debilidades episcopales, sino que, con muchísimo dolor se opuso a los lineamientos de papas liberales, lineamientos que abundan en tan gran medida, que quienes no quieren verlo es por ceguera autoimpuesta o por haber bebido durante años veneno sin saber que era veneno y pasado como católico.

Pasemos a otros dos puntos importantísimos: el 38 y el 39. El primero dice así: “Se ha establecido clara y expresamente en los cánones que corresponde a la única Sede Apostólica juzgar si una persona es apta para la dignidad y la carga del episcopado, y que la completa libertad en la nominación de obispos es derecho del Romano Pontífice. Pero si, como sucede a veces, se permite que algunas personas o grupos participen en la selección de un candidato episcopal, esto es lícito solo si la Sede Apostólica lo ha permitido en términos expresos y en cada caso particular para personas o grupos claramente definidos, estando las condiciones y circunstancias muy claramente determinadas” (38). En el segundo leemos: “Concedida esta excepción, se deduce que los obispos que no han sido nombrados ni confirmados por la Sede Apostólica, sino que, por el contrario, han sido elegidos y consagrados en contravención de sus órdenes expresas, no gozan de poderes de enseñanza ni de jurisdicción, puesto que la jurisdicción se transmite a los obispos únicamente a través del Romano Pontífice, como advertimos en la Carta Encíclica Mystici Corporis con las siguientes palabras: ‘…En lo que respecta a su propia diócesis, cada (obispo) apacienta el rebaño que se le ha confiado como verdadero pastor y lo gobierna en nombre de Cristo. Sin embargo, al ejercer este oficio no son del todo independientes, sino que están subordinados a la legítima autoridad del Romano Pontífice, aunque gozan de la potestad ordinaria de jurisdicción que reciben directamente del mismo Sumo Pontífice’» (39). No haría falta decir nada sobre estos puntos, porque se entiende que están estipulados por un Papa totalmente católico, y dicho contra una asamblea no católica. Pero dichos puntos bajo un Papado liberal requieren una lectura fina. Pues si la excepción apuntada en el punto 38 es posible bajo un papado íntegramente católico con permiso expreso de la Sede Apostólica, por sentido común la excepción es perfectísimamente practicable frente a un papado liberal y sin permiso expreso de la Sede Apostólica, pues, ¿hace falta insistir en que el defensor del modernismo no quiere saber nada con lo íntegramente católico? Se impone el sentido común. Y hay un dato incontrastable, irrefutable, inconmovible, un hecho histórico contundente: tristemente, hace más de sesenta años, Roma no ha ordenado un solo obispo íntegramente católico, esto es, sin que haya tenido en su haber algún tipo de componenda con el modernismo; duele el afirmarlo, pero es la más inconcusa realidad. Justicia es decir que cuando salen hablando de que Juan Pablo II le daba un obispo a Monseñor Lefebvre para continuar su obra, no cuentan bien la historia: porque lo que se daba, se daba con la idea de que, juntamente con tintes tradicionales también llevase aceptadas las novedades del Concilio Vaticano II.

Afirma S.S. Pío XII en el documento que venimos tratando: “Sabemos que quienes menosprecian la obediencia para justificarse respecto a las funciones que han asumido injustamente, defienden su postura invocando una costumbre de antaño. Sin embargo, es evidente que toda disciplina eclesiástica se quebranta si se pretende, de alguna manera, restablecer disposiciones que ya no son válidas porque la suprema autoridad de la Iglesia decretó lo contrario hace mucho tiempo. De ninguna manera justifican su conducta apelando a otra costumbre, y demuestran indiscutiblemente que siguen este camino deliberadamente para eludir la disciplina vigente a la que deberían obedecer” (Punto 43). Una vez más lo dejamos bien claro: el texto se dirige a apostatas, desobedientes, atacantes de la Iglesia Católica, y que usan cosas de ella para sus fines torcidos. Nada que ver con lo que sucedió con Monseñor Lefebvre, el cual, por defender a la Iglesia Católica contra el avance modernista, en verdad fue siempre obediente al Papa aunque los mismos papas liberales no lo hayan admitido, acusó a la apostasía para que se salga de ella, y jamás atacó a la Iglesia Católica. Ahora: se ve que cuando a los atacantes de Monseñor Lefebvre no les conviene citar a S.S. Pío XII, lo silencian. Pues él ha dicho en su Encíclica Mediator Dei que: “se sale del recto camino quien desea devolver al altar su forma antigua de mesa; quien desea excluir de los ornamentos litúrgicos el color negro; quien quiere eliminar de los templos las imágenes y estatuas sagradas; quien quiere hacer desaparecer en las imágenes del Redentor Crucificado los dolores acerbísimos que Él ha sufrido (punto 80)”, todas cosas que el modernismo practica hoy por todo el mundo como cosa normal. Entendemos… a veces les resulta útil cajonear a Pio XII. Pero el tema no queda en lo anterior. Viene algo de base que es un golpe rotundo: Pío XII se queja de los que se justifican “invocando una costumbre de antaño”. Monseñor Lefebvre al consagrar no invocó una costumbre de antaño, invocó si se quiere, una excepción de antaño: porque si se tuvo en cuenta consagraciones episcopales hechas en tiempos pretéritos sin mandato pontificio, no se lo hizo teniendo presente cómo fue la regla sino teniendo presente cómo fue la excepción, razón por la cual, se ve con claridad, que tampoco aquí se aplica lo de Pío XII a Monseñor Lefebvre. Y una cosa más muy notable: les gusta aplicar al obispo francés las palabras de Pio XII –aunque ya vemos que no se le aplican-, mas ¿por qué guardan silencio cuando se les dice que la moderna manera de comunión en la mano es un invento abominable y tienen el orgullo de ampararse en la “costumbre antigua”? Nunca existió una tal costumbre como hoy lo pretenden, pero suponiendo de momento que sí hubiere existido, se les aplica de lleno (¡sí, sí, de lleno!) las palabras de Pío XII: “defienden su postura invocando una costumbre de antaño. Sin embargo, es evidente que toda disciplina eclesiástica se quebranta si se pretende, de alguna manera, restablecer disposiciones que ya no son válidas porque la suprema autoridad de la Iglesia decretó lo contrario hace mucho tiempo”: Hipócritas que cuelan el mosquito y tragan el camello.

¿Por qué será que mientras reinaba S.S. Pío XII, la Encíclica Ad Apostolorum Principis no se aplicó jamás a Monseñor Lefebvre? No hace falta responder a eso, ¿verdad? Aun así lo respondo: jamás se le aplicó por la sencilla razón de que el obispo francés seguía la integridad católica; y ahora resulta que por esa misma integridad, solo que manifestada frente a Vaticano II y después de él, quieren algunos, haciendo malabarismo con las Encíclicas, aplicársela sin distinguir nada, con injusticia torpe. Entonces la pregunta redonda es: ¿quién ha cambiado respecto a la Encíclica? Resulta que el modernismo escupió sobre S.S. Pío XII, mas para intentar aplastar a Lefebvre y su Orden, ahora sí vale agarrarse de S.S. Pío XII. Mas no, amigos, no; Pío XII no se los permite. Porque Monseñor Lefebvre nada tiene que ver con la Iglesia Patriótica China, y el boomerang se vuelve contra los mismos juzgadores: la Encíclica Ad Apostolorum Principis aplasta a los modernistas.

Los documentos papales antes del Concilio Vaticano II no están contaminados con el modernismo, pero varios de dicho Concilio y muchísimos de los posteriores, sí.

Pío XII se queja de los objetivos de la iglesia China entre los que se haya el “promover la causa de la paz internacional”. Francisco en Frateli Tutti habla nueve veces de ‘Fraternidad universal’, por caso cuando expresa: “Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política?” (punto 176), y este otro: “Sobre la fraternidad universal, me sentí motivado especialmente por san Francisco de Asís, y también por otros hermanos que no son católicos: Martin Luther King, Desmond Tutu, el Mahatma Mohandas Gandhi y muchos más” (punto 286).

Pío XII condenó también que entre los objetivos de la secta China está el: “cooperar activamente con las autoridades civiles en la defensa de lo que ellos denominan libertad política y religiosa”. Concilio Vaticano II consagró la escandalosa libertad religiosa.

El punto 17 de Apostolorum Principis nos habla de que la secta China tiene una “falsa doctrina”. Les pregunto a los detractores de Mons. Lefebvre: Si la cabeza firma y aprueba la monstruosa Fiducia Supplicans o la más monstruosa Mater Populi Fidelis ¿no lo hace acaso para que lo reciba todo el cuerpo? A quiénes sino a toda la grey van dirigidos tales documentos. Por más que el sacerdote aludido quiera tapar el sol con su dedo, le será imposible tapar la realidad. La cabeza no se bambolea porque el cuerpo decidió emborracharla, sino que el cuerpo de un ebrio se bambolea porque la orden primera de tomar alcohol vino de la cabeza.

Una consagración episcopal sin mandato de la Sede Apostólica (Punto 47), es “conferida irresponsablemente” (Punto 48), cuando es contraria a “todo derecho y ley” (Punto 48). El punto indicado estableció la excomunión para la Iglesia Patriótica China, pues no solo llevó a cabo consagraciones episcopales sin el mandato de la Sede Apostólica; no solo se trató de una asamblea que derechamente se manifestó contra la Iglesia Católica y que quiso ex profeso constituirse como iglesia paralela, sino que, a todo ello, se trató de una Iglesia que fue contraria a TODO DERECHO Y LEY católica. Lo de Monseñor Lefebvre no fue una oposición a todo derecho y ley, sino una oposición a seudo-leyes que se presentaron como leyes, que aún siguen vigentes como leyes, y que, a decir verdad, no son más que normativas modernistas confesamente nuevas. Santo Tomás de Aquino sostuvo con todo acierto que “la ley injusta no es ley”, principalmente la que atenta contra el derecho natural y el derecho divino; así, por ejemplo, el aborto legalizado y al que se le da el nombre de ley, no es ley sino aberración legal: atenta contra la racionalidad de la ley y su dirección al bien común. Mucho peor que el aborto es el ultraje y manoseo eucarístico extendido a nivel mundial, como así también el falso ecumenismo de iguales extensiones: ambas cosas ultrajan directamente a Dios y a la Iglesia por Él fundada, y ambas cosas encuentran consagración legal en el Nuevo Código de Derecho Canónico, por caso, el canon 755 estipula que “corresponde en primer lugar a todo el Colegio de los Obispos y a la Sede Apostólica fomentar y dirigir entre los católicos el movimiento ecuménico”; y el canon 910 § 2 expresa que es “ministro extraordinario de la sagrada comunión el acólito, o también otro fiel designado según el c. 230 § 3 (canon 230, 3: “ Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho”). De modo que queda patentísimo quiénes en verdad caminan contra todo derecho y ley católica.

¿Qué dijo el Papa Pío IX en su Encíclica Mortalium Animos? “La unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron”. Contrario a esto último, Benedicto XVI, en su famoso discurso dado en Colonia en el encuentro ecuménico realizado en 2005, aseveró: la “unidad de todos los cristianos”, “no significa lo que se podría llamar ecumenismo de regreso, es decir, renegar y rechazar la propia historia de fe. ¡De ninguna manera! No significa uniformidad en todas las expresiones de la teología y la espiritualidad, en las formas litúrgicas y en la disciplina. Unidad en la multiplicidad y multiplicidad en la unidad”, y en consonancia con eso, Francisco, en su documento “El obispo de Roma”, expresó: “Las iglesias que no estaban en comunión con esta Sede podían ser objeto de una actividad misionera ‘para hacerlas volver’ a la comunión con la Iglesia Católica, permitiéndoles al mismo tiempo conservar su propia liturgia y disciplina”. Pero gracias al “dialogo internacional ortodoxo-católico (…) reconoció que “esta forma “de apostolado misionero descrita anteriormente (…) ya no puede aceptarse ni como método a seguir ni como modelo de la unidad que buscan nuestras iglesias”.

Las consagraciones episcopales que llevará a cabo la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de modo excepcional y motivadas en la ley primera que es la salvación de las almas; motivadas en un estado de necesidad pasmoso y que se ha ramificado por todos lados; motivada en la necesidad de perdurar la Tradición Católica; motivadas en la defensa del Papa y la silla petrina; motivadas en la defensa de la Corredención y Mediación de María Santísima, serán plenísimamente válidas y lícitas, serán sin usurpación de jurisdicción alguna, y serán al amparo de la suplencia que les brinda la Santa Madre Iglesia amparada en el Derecho Divino, todo esto por más que salten rabiando jaurías enteras de seudo-tradicionales. Y quizá, para estos últimos que tanto se rasgan las vestiduras en intentos de negar la suplencia que invoca la FSSPX, la mejor respuesta sea la traída en el Evangelio de San Mateo, pues a Cristo le salieron al paso con algo parecido: “Llegado al Templo, se acercaron a Él, mientras enseñaba, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le dijeron: ‘¿Con qué autoridad haces esto, y quién te ha dado ese poder?’ Mas Jesús les respondió y dijo: ‘Yo también quiero preguntaron una cosa; si vosotros me la decís, Yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto’ (Mt. 21, 23-24).

Así las cosas, los seguidores del destructivo modernismo, antes que nada deberían dar explicación de dónde les viene la misión ecumenista, la misión de haber creado un rito nuevo protestantizado, la misión de la nefasta comunión en la mano modernista, la misión de la bendición de las parejas gay, la misión de desaconsejar títulos a la Virgen María. Vamos: díganles a las gentes con pruebas de las Sagradas Escrituras, del Magisterio de la Iglesia y de importantes autoridades, de dónde les viene la misión para hacer los mamarrachos que llevan adelante. ¡NO HAY MISIÓN PARA TALES ESCÁNDALOS!