EL DOMINIO DEL ESPACIO DE LA UNCUYO POR LA REVOLUCIÓN WOKE

Se trata de un prejuicio ideológico tan dañino que, al entrar en las comunidades, corrompe todas las relaciones posibles y avanza, como el cáncer en un tejido vivo, produciendo un estado de caos, de inquietud, de recelo, de resentimiento y odio cuya finalidad es la destrucción y muerte de dicha comunidad.

Mariana Calderón de Puelles

4/28/20267 min read

El término woke, nacido en comunidades americanas, se usó como consigna de los grupos antirracistas. Significa mantenerse despierto y alerta. Actualmente, y dejando de lado otros momentos en que el término cambia su significado primero, señala los discursos, las personas, las instituciones y las publicaciones que, negando la existencia de la naturaleza y, por lo tanto, la posibilidad de la verdad objetiva, trasladan la dialéctica marxista (con la impronta de Gramsci y la escuela de Frankfurt) a todos los ámbitos de la cultura y de la convivencia humana. En efecto, se afirma que, así como el rico explota al pobre y el blanco al negro, cualquier autoridad lo hace con un subordinado, los padres con los hijos, el religioso con el laico, el hombre con la mujer, el docente con el alumno, el heterosexual con el homosexual, el binario con el no binario, y del mismo modo en todas las relaciones de la vida social y comunitaria. Se trata de un prejuicio ideológico tan dañino que, al entrar en las comunidades, corrompe todas las relaciones posibles y avanza, como el cáncer en un tejido vivo, produciendo un estado de caos, de inquietud, de recelo, de resentimiento y odio cuya finalidad es la destrucción y muerte de dicha comunidad. Obra maestra del demonio.

En la Argentina, la ideología woke comenzó a imponerse a partir del 2006 con la Ley de ESI, aunque esta se implementó con todo su aparato obligatorio entre 2018 y 2021. Otras leyes woke fueron la Ley de Matrimonio Igualitario de 2010, la Ley de Cupo laboral travesti- trans, de 2021, la despenalización del aborto o Ley IVE de 2020, la imposición por resoluciones del lenguaje inclusivo en algunos organismos del estado que, aun cuando desde 2024 se ha prohibido su uso en la administración pública, en las universidades nacionales se sigue usando, incluso, en contra de las indicaciones de la RAE. Esto hace ver que el wokismo se impuso desde el estado y de modo coercitivo sobre la sociedad argentina, pero se convirtió, en los espacios universitarios, en el súper-dogma de programas de acción, de praxis de política universitaria, de temáticas de publicaciones, de proyectos de investigación rentados. Varias facultades y muchas carreras, renacidas desde una interpretación woke de la cultura, de la historia y del arte, se fueron convirtiendo en espacios de adoctrinamiento, tan nefastos como eficaces, al punto que en un poco más de una década la dialéctica woke es la única cosa innegable en un mundo donde ya no existe ninguna verdad.

La Universidad Nacional de Cuyo sufrió un proceso de dominación del wokismo en todo similar a otras universidades nacionales, sin embargo, quizás porque en la primera, ciertos institutos y agrupaciones mantenían su herencia, si no tradicional, al menos conservadora, los militantes de la nueva ideología debieron sortear algunos obstáculos que se imponían con la fuerza de la costumbre y se sostenían, de modo mayoritario, por una fe débil pero aún viva, destinada a desvanecerse.

A fines de 2018, por resolución 2049/2018, el Rector Daniel Pizzi, a través del Consejo Superior, dispuso retirar los símbolos religiosos de la UNCuyo, argumentando la necesidad de garantizar el carácter laico de la educación pública. En realidad, el Rector cedía, con prontitud, ante la presión de agrupaciones docentes y estudiantiles de la izquierda woke. El año 2018, el feminismo abortista sufrió una derrota en el senado argentino al no lograr la mayoría de los votos para despenalizar el aborto. En ese mismo año, la CAEL (Coalición Argentina por el Estado Laico), logró, sólo en Mendoza, la apostasía pública de 143 bautizados de la Iglesia Católica. [1] El año anterior, muchas cruces de las aulas universitarias habían sido retiradas por alumnos y agrupaciones, pero el 29 de agosto de 2018, alumnos de diferentes facultados, en su mayoría mujeres, identificadas con el pañuelo verde, entraron en facultados y aulas del predio universitario para apoderarse de las imágenes de la Santísima Virgen María. Como el contingente verde era numeroso y producía muchísimo alboroto, algunos miembros del personal de las facultades lograron esconder imágenes que se salvaron del vandalismo. No ocurrió así con la Virgen de Lourdes y la Santa Bernardita que desde la instalación del DAMSU, en el campus de la Universidad, se ofrecía a la devoción de los transeúntes en una sencilla gruta en el camino de acceso a la sede. La Virgen y la vidente fueron deshechas a palazos. De allí, la turba se dirigió a la Virgen que se encontraba en el acceso al Rectorado. Cuando ya la habían quitado de su pedestal y la tenían en sus manos, vaya a saber con qué propósito, un alumno católico y valiente se las quitó de las manos y se la llevó, algunos dijeron que se la entregó a la policía y otros dicen que la pusieron en una gruta privada.

Como bacantes, embriagadas por la enajenación del dios, las manifestantes gritaban y aullaban en su ir y venir intentando romper, en cada imagen religiosa, el orden de un cosmos que les enseñaron a odiar. En una captura de pantalla, compartida por no sabemos quién (siempre hay un hacker, no hay que olvidarlo) pudimos leer que la decana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales las llamaba para que fueran a dicha institución urgente, pues había más de una imagen de la Virgen para destruir. Una de ellas le contestaba: “Vamos para allá. Hijas de Lilith”. Esta respuesta lacónica ponía en evidencia, al menos, dos cosas: la horda estaba liderada por autoridades de la misma universidad y, además, el grupo se reconocía en la caótica matriz feminista de la cuarta ola, asociada al culto de Lilith.

Según algunos escritos cabalísticos, Lilith fue la primera mujer de Adán, creada por Yahvé para obedecer a su marido, al cual abandonó para ser libre y, después de copular con el demonio, dio a luz la estirpe de los enemigos de Yahvé. Algunos exorcistas han reconocido ese nombre en demonios en algunos casos de posesión, por lo que, si bien los cabalistas engañan con la fábula de esa primera mujer, no mienten al utilizar un nombre verdadero de una entidad maligna.

Se dirá que la mayoría de las jóvenes que formaron este grupo no tenían demasiada conciencia de su pertenencia a una oscura secta cabalística y que usaban el título de “Hijas de Lilith” más como slogan que como un credo determinado. Sin embargo, cuando las vimos festejando, pocos años después, la despenalización del aborto vestidas de hechiceras, haciendo círculos con estrellas en el centro y otros símbolos satánicos o aullando y mostrando los senos frente a los templos católicos, blandiendo cruces invertidas y tantas otras cosas de las que no queremos guardar memoria, debemos admitir que, aun sin entero conocimiento, se fueron convirtiendo en tristes instrumentos de las fuerzas infernales.

Este proceso, por el cual la ideología woke finalmente se impuso, supuso un pacto con los enemigos de Dios. El suceso que demuestra esta aseveración se produjo en diciembre de 2018, en ese mismo y fatídico año. En efecto, el lunes 10 de diciembre de 2018, los diarios locales de la provincia de Mendoza[2], publicaron la noticia de que en las primeras horas de la mañana, el personal de limpieza de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, encontró restos de sangre y materia orgánica en algunos espacios de la facultad. Se llamó a la policía y la policía científica ratificó las sospechas de los empleados: se trataba de los restos de un aborto. Los mismos fueron llevados al cuerpo médico forense y se radicó la denuncia en la Fiscalía N° 2. Las autoridades de la facultad (aún cumplía su función de decana la misma que lideraba a las “hijas de Lilith”) negó que hubiera restos humanos y que sólo se trataba de sangre. Si fue así, ¿por qué esos restos fueron llevados al cuerpo médico forense? Con una muestra de sangre para averiguar si era animal o humana, hubiera bastado.

Los restos encontrados no eran recientes, por lo que se pensó que podría haberse producido el aborto, uno o dos días antes. El día anterior, era domingo y la facultad había permanecido cerrada. El sábado, la facultad había permanecido abierta hasta la tarde. Ese sábado fue 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción.

Nunca se supo nada de este suceso, simplemente se escondió. El aborto era todavía ilegal. Si se hubiera tratado del aborto espontáneo de una alumna o docente o personal de la institución, es extraño que no se hubiera llamado una ambulancia. Si fue un aborto provocado, ¿por qué en una facultad? ¿Por qué los restos estaban esparcidos por diferentes lugares? Se podrá decir que quizás se trató de alguna chica que escondía su embarazo y que, víctima de un aborto espontáneo, salió de allí abandonando lo que para ella era algo indeseado.

No podemos aseverar que ocurrió lo que nuestra lógica nos obliga a deducir, porque el caso no fue seguido por la justicia. Sin embargo, no es descabellado pensar que el 8 o el 9 de diciembre de 2018, un aborto se produjo en la Facultad de Ciencias políticas y Sociales, justo ese año, en que todos los símbolos religiosos fueron retirados de la UNCuyo y la locura woke se apoderó del espacio, como si, después de la ofrenda de un niño no nacido, el maligno hubiera desplegado su maldito poder en una sede nueva.

A partir de ese momento, la deriva woke se instaló en la UNCuyo, especialmente en las facultades de Ciencias Políticas, Filosofía y Letras y Facultad de Educación. Fue cuestión de dejar pasar la pandemia y volver para encontrarse con cátedras de literatura feminista, congresos sobre feminismo e ideología de género, alumnos trans con cambio de sexo en sus documentos, prácticas de Tarot y Mindfulness, Jornadas en contra de antiguos profesores católicos sobre los que se hizo burla y escarnio y hasta un Seminario Marica con cursos de twerking y desfile de modelos trans. Esto es, ahora, la UNCuyo.

[1] Es interesante advertir que la primera apostasía colectiva en Mendoza fue organizada en 2009 por el ex rector Luis Triviño, ateo y masón, pocos días antes de su muerte. ( Cfr. “Triviño no fue al cielo”, Prensa UNCuyo, 05 de marzo de 2009)

[2] Cfr. Sitio Andino, Mendoza Post, Los Andes online, todos del día 10 de diciembre de 2018.