DE EXCOMULGADOS, ACOGIDOS Y ACOGEDORES

Lo que estos institutos teológicos y jurídicos significaban sobrenaturalmente en la Iglesia de siempre los tenemos sabidos y no tiene ningún sentido en este momento andar señalando la distorsión ocurrida, pero lo que significan en la iglesia sinodal no es fácil de determinar.

Dardo Juan Calderón

5/4/20267 min read

Para saber qué implica estar excomulgado, es decir, fuera de la comunión, hay que primero saber lo que implica estar en comunión. Lo que estos institutos teológicos y jurídicos significaban sobrenaturalmente en la Iglesia de siempre los tenemos sabidos y no tiene ningún sentido en este momento andar señalando la distorsión ocurrida, pero lo que significan en la iglesia sinodal no es fácil de determinar. El modernismo se ha ido expresando de maneras ambiguas y a pesar de que cada vez va clarificando más su derrotero demoledor de la doctrina tradicional, hoy no podemos saber a ciencia cierta a qué se refieren cuando dicen cuando alguien está en comunión y cuando no.

El que los anglicanos están en comunión con los católicos y junto a ellos las distintas iglesias protestantes ya es viejo para los Papas Conciliares, pero según expresas declaraciones de León, ya hasta el Islam lo está. Pero nosotros no. Y son dos buenos datos para ir entendiendo

Calculo que estar en comunión, para esta gente, es avalar y compartir un diálogo que busca la paz y unidad fraternal de los pueblos por encima de toda diferencia religiosa. Es decir, sostener la utopía masónica de un entendimiento universal que como propone Peter Thiel, derive en la imposición universal de “una disciplina dura y una creencia suave (soft)”. Si mal no entendemos, la propuesta de la Iglesia tradicional fue exactamente al revés, un credo firme y una disciplina política suave (ver la obra de R. Calderón Bouchet “La arcilla y el hierro”).

Quedan fuera de esta masónica comunión todos aquellos grupos que profesan creencias “duras”, que los hay en cada religión, a los que se suele llamar los fanáticos, los integristas y otras linduras. En lo que a nosotros corresponde, somos los que creemos “que fuera de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, no hay salvación”. Sólo mencionamos algunas diferencias: los “integristas” de las demás religiones – si son tal cosa – judíos, ortodoxos, protestantes e islámicos, sostienen una creencia dura para un objetivo político duro; está todas atadas a un proyecto de dominación política del mundo por una nación. Sólo el catolicismo está por encima de todas las naciones y siempre ha sido el componente “debilitador” de las tiranías. En el catolicismo se debe dar a Dios lo que es de Dios y luego al César lo que pudiera corresponderle. En las demás siempre el dios está al servicio del César.

En la propuesta humanista el gran acreedor es el Hombre y los dioses están para salvaguardar su maravillosa dignidad. No pregunten cómo; es una utopía y las utopías, como los chistes, no deben ser explicadas o pierden la gracia.

Podemos ver que estar en comunión es formar parte de una sociedad humana que busca la fraternidad, la paz y la unidad de todos los hombres, la que se espera se hará por efecto del progreso y la evolución que indefectiblemente la aguarda en el mañana que canta, siendo nuestro trabajo ir desarmando todas aquellas “ideologías” que plantean la historia como un combate entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del hombre. El Concilio Vaticano II terminó con esta visión y supuestamente unió las ciudades. Lo cierto es que rindió la plaza.

Vemos que para la vieja Iglesia estar excomulgado fue haber salido de la unión de los fieles a Cristo, de la Sociedad constituida por la Divinidad (es una constatación, más que una pena, la constatación de haber “muerto” para la gracia), pero hoy es otro criterio. Se trata de que, al no compartir el criterio humanista masónico, uno queda fuera de la “sociedad humana”, de la que mal podemos retirarnos sin morir en la carne y, hasta que comiencen a matarnos, es por lo tanto una pena de exclusión de lo social, de lo político. En el lenguaje moderno es una “cancelación” social. El Padre Calmel lo llamaba “relegación sociológica”. Y comenzará por una cancelación en el ámbito de la ONG Iglesia Católica, para, tarde o temprano, producirá sanciones sociales concretas, de las que ya vamos lentamente sufriendo en la medida que resistimos.

El Tucho Fernandez o León XIV no nos van a excomulgar en el sentido tradicional, al que no conciben ni en el que creen; nos van a “cancelar”, y la cancelación no es una constatación de algo ocurrido, sino que es el principio de una serie de conductas que van a ser dirigidas contra nosotros. No es un “final”, es un “principio” de acción. Al contrario del caso ocurrido en el 88, este ya se expresa con un Papa para el que no existimos, no entramos en su radar, no quiere ni vernos. Seremos invisibles para la Iglesia Sinodal y propondrán esta invisibilidad a las sociedades humanas. Quienes se preocupan de los efectos de la excomunión en términos tradicionales, no se preocupen, no entra eso en sus motivaciones ni en sus entendimientos. Pero… empiecen a preocuparse por lo otro.

LOS ACOGIDOS.

Hay tiempo de recular. Tiempo de profesar una creencia soft, un credo chirle. Ya lo hicieron los llamados Institutos Ecclesia Dei hace unos años, creados con el propósito de acoger a gentes que temían por su salvación eterna dado el poder de “atar y desatar” que suponían todavía en cabeza de las jerarquías eclesiásticas. Temor entendible mientras el modernismo no se desembozaba como tal y mantenía algunas pompas que daban la idea de una cuestión sobrenatural (aunque resulte un tanto paradójico el carácter de “reserva mental” con el que acudieron y que conservan. En el plano sobrenatural es una tontera que fuera ese el “espíritu” con que fueron al llamado, honestamente no condice con ningún tipo de comunión y tiñe la acción de cómodo oportunismo a la espera de “tiempos mejores”.

Los que hoy serán acogidos saben muy bien de qué se trata, que nada de esto tiene connotaciones sobrenaturales, las que ya están fuera de toda consideración, saben que es una “cancelación” total en los ámbitos sociales por personajes que no creen en ninguna de esas ñoñeces medio mágicas de la infancia de la iglesia. Saben que viene una condena de invisibilidad social, es lo que se espera, a la que hay que enfrentar con mucha astucia y hacerse los chanchos rengos hasta que descampe, soportando el ventarrón agarrados a algunos puestos de mínima incidencia, pero sin sacar las manos del plato. Y lo expresan con toda claridad en sus cálculos de “tiempo”, cálculos absurdos cuando lo que está interviniendo es la eternidad. En la eternidad mi tiempo es hoy, mi decisión es en este minuto en que la Providencia me interpela. Sin cálculos. El creyente no gana tiempo, Cristo no espera a que enterremos a nuestro padre.

En el Blog The Wanderer, donde se muestra un video de un polaco fofo que llama a una astuta rendición, queda patente la actitud del “acogido” actual. ¡Tiempo, tiempo! A la que se suma asintiendo la editorial del blog, que no es polaco, pero es más fofo.

También es cierto que “humanum nihil a me, alienum puto” (sin referencias personales) y no me quedo muy tranquilo ante lo que se viene, por mis hijos y nietos, y no digo que no dejan de ser tentadoras las sirenas que cantan las soluciones de estos acojidos.

LOS ACOJEDORES.

Estos sí ya son más peligrosos. El buscar cobijo cuando la cosa se pone fea es muy humano, pero el formar parte de la trampa es infame. El acogedor principal es el Tucho Fernandez (con el que no quiero hacer ironías fáciles, pero por lo menos algunos besuqueos propinará dado sus antecedentes literarios), pero ya formar parte de los elementos de acogida a su servicio es repugnante. Los muchachos de la Pax Litúrgica ya ingresan en el campo de la astucia para hacer caer a los que tienen cierta tendencia a resistir. El polaco de apellido irrepetible introduce el argumento de que las jerarquías de la FSSPX estarían siendo empujados al abismo por la facción de los “halcones”, queriendo introducir con ello una brecha, estupidez mal intencionada ya que quien conoce a la plana mayor de la Fraternidad sabe que no hay posibilidad de que ninguna “base” los condicione. Simple mala leche para introducir dudas con argumentos de fácil aceptación por los tontos. Un cabrón, lisa y llanamente. Y tras él viene Peretó Rivas, no sólo coincidiendo, sino preparando el desarme y la cobardía mientras se afirma en algún puestito en el que dejar sus sucias manos.

Les recomiendo a quienes no temen ver algunas escenas truculentas, ver la película Black Mirror, en su episodio “15 millones de méritos”, una tremenda distopía sobre la modernidad que nos espera. En dicho episodio un joven decide enfrentar la tiranía tecnológica presentándose en una competencia de artistas (tipo La Voz) que se hace para entretener a la masa de esclavos que pedalean para obtener electricidad y a la que le pagan con “méritos”. De dicha competencia puede salir la salvación de la mala suerte, pero la experiencia le muestra que sólo se les paga con la prostitución. Luego de ahorrar méritos, logra llegar a la pantalla en vivo y allí grita la verdad sobre la opresión tecnológica y la sociedad de consumo, amenazando con suicidarse si frenan la cámara. Lejos de ser castigado, lo contratan para decir esto todas las semanas en un programa, con lo cual canalizan el malestar de la masa. Es el caso actual de todas las versiones de “oposición controlada” para dar lugar al desahogo de los que juntan presión “¡por lo menos alguien se los dice!”. Los vemos en la democracia en que ciertas minorías parlamentarias cumplen este papel pero a la vez justifican el sistema ¡y cobran buenos sueldos quedando a salvo del destino de los que pedalean! (no hacen falta nombres, es evidente).

Este es el papel que jugará Peretó Rivas y los muchachos ex Ecclesia Dei o Pax Litúrgica en la imposición de la Gran Apostasía, una oposición controlada que justifica el sistema y con lo que lograrán ellos no sufrir el destino de los sojuzgados y obtener algunas ventajas.

Recuerdo de mi juventud que en el argot francés Le Scoumoune (un lunfardo sobre la palabra excomulgado) indica al “yeta”, el “mala suerte”, y con esta palabra titula el corso Giovanni su novela, llevada al cine con el cartel que ilustra este artículo. Y de esto se trata y de ello se escapa.

Veremos el bando que nos toca, excomulgados, acogidos o acogedores.